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Lección inaugural de apertura del Curso Académico 2010 de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis

La Corona de Aragón en la empresa descubridora de Cristóbal Colón, por Marisa Azuara

mercredi 3 février 2010, par 02 Antonio Palomino

Abordar la figura de Cristóbal Colón, una de las grandes personalidades históricas de nuestra civilización, apabulla al más animoso. Máxime si el acto se realiza en un templo del conocimiento, como es esta Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis, ante el ilustrado auditorio que hoy me acompaña y por invitación de su presidente, el Excmo. Sr. D. Domingo Buesa Conde. Así pues, me dirijo a Uds. desde la más absoluta humildad, y sólo en mi condición de novelista, aragonesa y española, para presentarles una investigación histórica que aspira a analizar un ángulo poco explorado del primer Almirante de las Indias : su retrato literario. No puedo garantizarles una representación exacta, dicha labor corresponde a los expertos y deberá ser certificada mediante una prueba científica irrefutable. Pero sí, les aseguro, es la imagen legada por Colón y sus allegados a la posteridad.

Cuando hace ahora cinco años me propuse escribir una biografía novelada sobre el descubridor del Nuevo Mundo, no podía imaginar la complejidad del personaje al que me enfrentaba. Mi fin inmediato era sumarme a los homenajes organizados con motivo del Quinto Centenario de su muerte.

Decir que bebí con fruición en todas las fuentes que hablaban de él es decir poco : me empape en ellas. Por desgracia, no existía unanimidad sobre su identidad ni sobre su verdadera edad ni siquiera sobre su lugar de nacimiento. Pronto se hizo patente que el plazo de dos años, previsto para dar forma a la obra, resultaría insuficiente. Para entonces, la figura de Colón y la gesta americana me habían atrapado con tal fuerza que abandonar el proyecto era, simplemente, imposible. Enfrentarme al alma del navegante, a sus sentimientos más íntimos, a sus miedos, a sus ilusiones, a sus esperanzas y a sus fracasos se había convertido en el eje alrededor del cual giraba mi existencia.

El primer paso, sin duda el más difícil, fue dejar a un lado cuanto se había escrito acerca del marino durante los últimos cuatro siglos y centrarme en las narraciones de quienes lo trataron. Desde ese punto de vista no puede obviarse que todos sus coetáneos lo consideraron genovés. Yendo más lejos que cualquiera de ellos, el propio Colón hizo constar en su mayorazgo : “…que siendo yo nacido en Génova…”.

Ningún motivo había para falsificar este dato. En la corte de los Reyes Católicos, los genoveses estaban mal vistos debido a la guerra que mantenían contra la Corona de Aragón por el dominio del Regnum Sardiniae et Corsicae. Menos razones existían aún para que Colón mintiese en aquel documento : un mayorazgo es una escritura privada destinada a recoger las normas internas de un linaje noble y a regular sus transmisiones hereditarias. El hecho debería bastar para establecer que el descubridor nació en suelo genovés. La cuestión radica en averiguar cuándo y dónde.

El primer interrogante lo despejó Andrés Bernáldez, cura de los Palacios, quien conocía bien a Colón pues lo alojó en su vivienda durante el verano de 1496. En Las Memorias del reinado de los Reyes Católicos, escribió : “…el cual Don Cristóbal Colón de maravillosa y honrada memoria, natural de la provincia de Milán, estando en Valladolid en 1506 en el mes de mayo, murió en senectute bona, inventor de las Indias, de edad de 70 años poco más o menos”.

Su testimonio coincide con la información dada por el mismo Colón en una de las últimas cartas que envió : “…yo vine a servir de veintiocho años y… Ya pasan de cuarenta que llevo en este uso”. Ambas referencias sitúan el nacimiento del primer Almirante de las Indias alrededor del año 1436.

No es el único dato destacable de la crónica de Bernáldez. En ella, además, refiere que Don Cristóbal era natural de la provincia de Milán. La sutileza no pretendía arrebatar a la República Marinera la gloria de ser la patria del descubridor sino añadirle un significado político que trascendía el puramente geográfico e incluía las posesiones genovesas de ultramar.

Por aquel tiempo, como consecuencia de las luchas desatadas entre güelfos y gibelinos durante los siglos anteriores, el estado genovés tenía su gobierno dividido en dos facciones irreconciliables. Por un lado se hallaba la ciudad de Génova, Genua, gobernada por los capitanes del pueblo a quienes nombraba el arzobispo. Su extensión se reducía a la capital y a las posesiones arrancadas a los nobles imperiales con los que guerreaba continuamente. Por otro lado estaba la República de Génova, Janua, emanada de la antigua Marca Januense u Obertenga y señoreada por los duques de Milán. Su circunscripción abarcaba los Feudos Imperiales Ligures, las colonias del Levante Mediterráneo y la Mahona de Córcega que, hasta 1478, incluyó el Juzgado de Arborea en la isla de Cerdeña.

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