KonoZer ARAGÓN

Fundación Alcort

La muestra de Rómulo Royo.

SIAMESES.

mardi 17 mars 2009

Si la pasión es la prosodia de la inteligencia también tendremos que admitir que nunca es fácil dar cuenta de lo que nos pasa en el nivel inquieto de la experiencia estética. Sabemos que algunas cosas nos hechizan y que otras sencillamente no consiguen producir en nuestro ánimo otra cosa que estupor. Tengo la certeza de que nada me obliga a tener una perspectiva “enciclopédica” sobre la cultura o el arte contemporáneo sino que únicamente tengo que dejarme guiar por mi gusto sin por ello dejar de contrastar con otros, particularmente bien informados, aquello que suscita en mí un profundo interés. La Historia, así con mayúsculas, acoge a pintores como Saura y, sin duda, figuras como Víctor Mira también merecen un sitio de honor en el “Museo imaginario”. Lo que queda en la memoria y en el imaginario personal y colectivo es fruto de múltiples decisiones, entre otras de esa rara pasión, insisto en este término, que se llama coleccionismo. La Fundación Alcort lleva años intentando demostrar que es posible hacer, con modestia pero al mismo tiempo con determinación, un labor de apoyo y difusión del arte contemporáneo en la que la atención a lo local no suponga, ni mucho menos, un mirar con anteojeras o un cerrarse a todo aquello dotado de intensidad que se desarrolla en otros territorios diferentes a aquellos en los que cotidianamente habitamos. La exposición que hicimos de Kounellis nos enseñó que los objetos más humildes podían transformarse en obras de arte, esto es, que la “pobreza” no excluía una sorprendente manifestación del lujo. Creo, sinceramente, que hemos realizado una contribución cultural en Binefar y, por tanto, en la Aragón de hondo calado, sin adoptar la posición del despotismo ilustrado ni intentar epatar a aquellos que, en último término, lo que están demandando es un diálogo estético sin paternalismo ni dogmatismo.

La muestra de Rómulo Royo supone una apuesta firme por un artista joven pero caracterizado por una extraordinaria madurez. Dotado de enorme talento y ajeno al manierismo complaciente ha realizado pinturas y esculturas que tratan, una y otra vez, sobre la imagen del hombre en la contemporaneidad. Su alusión a los siameses tal vez sea una alegoría de nuestra condición ambigua, esto es, la tensión entre opuestos que en ocasiones llega a desgarrarnos. Estamos duplicados, aunque sea imaginariamente, nos contemplamos en el espejo y sentimos extrañeza, no sabemos como afrontar nuestra condición crítica. Porque la crisis no es únicamente esa que marca el abismo de la economía sino también la que tiene que ver con la dificultad para encontrar criterios, tomar decisiones o aprender a salir del laberinto. En la encrucijada de la crisis los artistas siguen teniendo una capacidad visionaria que nos ofrece, en medio del desastre, un resquicio para la esperanza. Rómulo Royo compone un retrato múltiple del hombre que está entre lo real y lo virtual, fija rostros de una sensualidad desconcertante, desnuda su imaginación y nos obliga a nosotros a intentar encontrar ahí nuestro verdadero semblante. Estoy convencido de que los que contemplen esta exposición no se quedarán fríos o decepcionados, al contrario tendrán motivos de sobra para acceder a una experiencia estética y vital de la máxima intensidad. Quiero agradecer al artista su generosa colaboración para llevar adelante este proyecto y a toda la gente que trabaja y colabora con la Fundación Alcort por seguir manteniendo firme la llama del compromiso con la cultura y el arte de nuestro tiempo.

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